La navidad: un tema muy literario
La navidad: un tema muy literario.
Las fiestas de finales de año han inspirado ha muchos autores escribiendo novelas, cuentos y poesías, que en ocasiones destacan entre sus mejores obras. Al margen de las creencias religiosas, lo cierto es que desde las culturas milenarias más antiguas el mito del sol que muere y renace en el solsticio de invierno ha estado presente en distintas formas iconográficas y sociales, organizándose grandes fiestas en conmemoración del ciclo que acaba y el que empieza seguidamente.
En el taller de escritura nos proponemos, pues, hacer un cuento o un relato que puede tratar directamente sobre la navidad o sobre cualquier aspecto que, por muy leve que sea, se refiera o esté inspirado en las fiestas navideñas o en la manifestación de la naturaleza que muere y se renueva.
El libro de lectura durante el mes de diciembre es El cielo raso, de Alvaro pombo. Este escritor santanderino, miembro de la Real Academia, cuenta con ya con muchos de los principales premios literarios españoles, destacando la concesión en este año del Premio Planeta con su obra La fortuna de Matilda Turpin.
Hemos elegido para este mes la lectura de su obra El cielo raso por tratarse de una de las más características de su producción novelística. Autor de contrastes, en su literatura encontramos dramatismo y humor, un estilo brillante expuesto con ideas contradictorias como la vida. El cielo raso habla a la vez de la lucha por la justicia en El Salvador y de un microcosmos agobiante en las historias íntimas sufridas en un piso claustrofóbico de Madrid.
Esperamos recibir a lo largo del mes vuestros comentarios sobre éste o sobre cualquier otro libro y, sobre todo, que sigáis participando enviando cuentos y relatos de escritura creativa, esta vez sobre las fiestas de navidad o la idea del tiempo que acaba y el que empieza. Como la vida misma.

Eutiquio dijo
Año nuevo, vidas nuevas
-Dios te salve María. El Señor está contigo.
Antes de hablar con la niña, que apenas tenía quince años, el encargado de anunciarle la noticia había hablado con sus padres y les había comunicado el acuerdo tomado por el concejo en su última reunión.
Fue en los primero días de la última primavera. El pueblo contaba apenas treinta o cuarenta habitantes, pero todos ellos eran ya de edad muy avanzada y vivían sabiendo que cuando ellos muriesen desaparecería el pueblo para siempre.
En la mayor parte de las casas vivía una persona sola, como mucho dos en los casos d de algunos matrimonios que sobrellevaban la vejez con el recuerdo de los hijos ausentes. Sólo en casa de María eran tres, puesto que vivían sus dos padres y ella con ellos, de los que no quiso separarse nunca a pesar de que sus dos hermanos disfrutaban de una vida desahogada en la capital y le propusieron que fuese a vivir con ellos.
-Dios nos salve María. El Señor está contigo. Tú eres nuestra esperanza y la salvación de nuestro pueblo.
Tenía quince años, pero conservaba la inocencia de las niñas que han crecido sin convivir con chicos de su edad, rodeada siempre de personas mayores que la habían mimado y cuidado como si fuera una flor delicada de invernadero, y eso hacíamos difícil encontrar las palabras justas.
-Nuestro pueblo se acaba, y sólo contigo puede salvarse… Bendita tú eres entre todas la mujeres.
Y María entendió lo que se esperaba de ella.
-Podéis disponer de mí según tus palabras. Pero no hay ningún hombre de mi edad en el pueblo, y…
-No temas. Algún modo habrá.
En los albores de la primavera, justo el día veinticinco de marzo, María se sometió sumisa y complacida a un tratamiento de fecundación artificial. Cuando se supo que estaba embarazada repicaron jubilosas las campanas de la iglesia como si fuera un día de fiesta.
Desde aquel día todos los hombres y mujeres le hacían regalos en agradecimiento. Al principio eran flores recogidas del campo o cultivadas en macetas o en las huertas. Después, por el verano, la agasajaban con toda clase de frutas, y en septiembre con los primeros racimos de las viñas y los primeros higos de las higueras. En otoño escogieron para ella las nueces y las almendras más hermosas.
El embarazo se aproximaba a feliz término y todos proponían nombres para el primer niño nacido después de tanto tiempo. Si era niña se llamaría María, como su madre, o Leticia, que significaba alegría. Si era niño le podían poner Bienvenido, porque así era, o Salvador, que además era como se llamaba su abuelo.
Llegó el mes de diciembre. La Inmaculada Concepción. El día de Santa Lucía. La Virgen de la Esperanza…
Dos días antes de Navidad tuvo los primeros síntomas de que se acercaba el momento y la llevaron con urgencia al hospital donde el equipo médico se encargaría de todo.
La noche de Nochebuena los vecinos decidieron pasarla todos juntos compartiendo con los padres de María la impaciencia. Así fue como se sobresaltaron todos cuando sonó el timbre estridente del teléfono y todos a la vez conocieron la noticia:
-Ha tenido un niño y una niña. Se llaman Adán y Eva. Benditos son los frutos de su vientre.
Y repicaron jubilosas las campanas de la iglesia.
Eutiquio o.
8 Diciembre 2006 | 07:30 PM