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La Coctelera

Libroteca

Escribir un cuento paso a paso.

15 Julio 2006

Febrero, inolvidable adolescencia

Copio ahora un primer relato. Ya explicaré más adelante el modo de elaborarlo. Por ahora es suficiente con intercalar algo ameno antes de continuar con teorías sobre la forma de escribir literatura.

La propuesta en el taller de escritura era hacer un cuento o relato, como queramos llamarlo, en torno al mes de febrero. Hay, evidentemente, muchas maneras de abordarlo, pero a mí se me ocurrió esta.
Me gustaría que me comentases algo cuando lo leas.
también puedes escribir tú otro cuento sobre el mismo tema y ponerlo aquí.

Dice así:

En el mes de febrero todos los años me viene a la memoria la imagen de la hija de la maestra que tuve en el último curso que fui a la escuela, que solía pasear todas las tardes con su perro sujeto de una cadena junto a la cerca de las huertas.
recuerdo que cada año cambiábamos de maestra, casi siempre eran maestras y no maestros, imagino que pedirían el traslado lo antes posible debido a que el pueblo era muy pequeño y estaba muy alejado de la capital de la provincia. Lo cierto es que la que nos correspondió en mi último año era una señora de mediana edad, no recuerdo si estaba casada o era viuda, y tenía una hija de trece o catorce años que iba también con nosotros a la escuela, que no era buena estudiante ni tenía un carácter muy simpático, pero desde el primer día sentíamos todos los chicos una atracción irresistible hacia ella mayor cuanto mayor era su desapego y más se empeñaba en mantenerse al margen de todos. En ocasiones daba la impresión de que se sentía por encima de nosotros y se creó fama de soberbia. Otras veces parecía que vivía en las nubes, como ocupada en resolver enigmas indescifrables o tejer sueños que sólo existían en su cabeza.
Ni siquiera recuerdo cómo se llamaba. El día que llegó y quisimos saber su nombre dijo que se llamaba Febrero porque le faltaban dos dedos de nacimiento como a febrero le faltaban dos días, y así la llamábamos todos. Es lo único que recuerdo de ella, además de su cara difícil de describir, a veces muy seria y a veces sonriente y espléndida como una mañana muy soleada después de unos días metidos en lluvia o niebla.
Una tarde después de clase, no hacía mucho que había empezado el curso, hice lo posible para coincidir con ella cuando paseaba junto a las huertas, y le pregunté por la raza de su perro como si los perros me interesaran y entendiera mucho de razas. Era un husky siberiano de color azul oscuro de los que se emplean para tirar de los trineos en tierras nórdicas. Entonces me di cuenta de que le faltaba una oreja casi entera, como si se la hubieran mordido en alguna pelea, y tuve una ocurrencia:
-¿Qué me das si adivino cómo se llama?
-Nada -me contestó con un asomo en su cara de dureza.
-Sellama Bisiesto -le dije, como si fuese el nombre más normal del mundo para un perro.
-No era fácil adivinarlo. Tendrás tu premio.
Entonces fue cuando alargó una mano por encima de la cerca de las huertas y cogió una manzana muy roja que colgaba de una rama y me la ofreció con una sonrisa de complacencia.
Estuvimos hablando casi hasta que se hizo de noche. Le gustaba contemplar las puestas de sol y escribir poesías. De mayor quería estudiar periodismo o una carrera técnica. No sé si conseguiría realizar sus sueños porque aquel año fue el único que estuvieron en el pueblo, y no he vuelto a saber de ella. Sin embargo, todos los años por san Valentín la recuerdo, como si hubiese sido ayer mismo cuando se le escapó el perro con la cadena, distraída mientras hablábamos junto a la tapia de las huertas. Hoy me gustaría volver a verla.

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

tete

tete dijo

aaaaaaaaaaaaw ke lindoO!!
sta super padre!!!

15 Julio 2006 | 10:45 AM

Lucía

Lucía dijo

Que bonito en tan pocas palabras.

16 Julio 2006 | 10:09 AM

Emilio

Emilio dijo

La verdad que me recuerda mis años de ninez en esa tierra tan fría donde me crié. Cuando en la escuela había una estufa que alguno de nosotros la encendíamos, y poníamos una cacerola grande , al menos yo la recuerdo así, para la leche que tomábamos en el recreo .
También recuerdo alguna que otra trastada pero como casi siempre se enteraban nuestra maestra y lo peor nuestros padres.
La consecuencia de ello era hacer horas extras en la escuela o recibir algún que otro zapatillazo de nuestra madre , rezando que nuestro padre no apareciera en ese momento critico.
Si si nuestra generación a recibido algún que otro zapatillazo, correazo, tortazo, y no estamos tontos ni tramautizados , por ello.
Pero ahora yo no sé si la culpa la tenemos los maestros o los padres por el poco respeto que nos tienen a las dos instituciones , yo echaría la culpa a los iluminados de los Pedagogos etc.

20 Julio 2006 | 10:49 AM

Saúl

Saúl dijo

verdaderamente captado por la magia de la narración, no puedo sino admirarme de lo
que has sido capaz de extraer de la simple palabra que, para mí, representa la más fea del año.No se trata solo de que el nombre del segundo mes, me traiga
recuerdos ingratos, sino porque febrero y noviembre son los dos que menos me gustan, sin más.pero aparte de mi inexplicable antipatía de la palabra, es
que has hecho un relato de aparente sencillez, pero que insinúa sentimientos humanos que evocan actitudes generales en la vida del Hombre, en mayúsculas.
Tal es la insinuación de la atracción del misterio, especialmente, en el alma de los adolescentes y jóvenes: de ahí, la inmediata atracción que ejerce
Febrero en todos los chicos de la escuela.¿Cómo puede ser esta chica, la hija de nuestra maestra?¿Como llegar a ella? Solo el ingenio para averiguar el
interior de la muchacha. El aparente interés del narrador por los de la chica, le permite acceder a su intimidad que le va ivadiendo hasta que el día de
san Valentín Febrero se distrae hasta el punto de que bisiesto se le escapara.
Espléndido cuento.

6 Agosto 2006 | 02:06 PM

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Sobre mí

Dirijo un pequeño taller de escritura, más que nada, llevado por mi afición a escribir. Hace unos años me encontré de la noche a la mañana con que me concedieron un par de premios literarios por otras tantas novelas en otros tantos concursos y, como quien no quiere la cosa, se despertó en mí el ímpetu de escribir con mayor fuerza que antes. Ahora estoy metido en este torbelli`no imparable, y hasta tengo una web sobre temas literarios que puede verse en: http://webs.ono.com/libroteca ¿Qué le vamos a hacer?

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