Libroteca http://libroteca.lacoctelera.net Escribir un cuento paso a paso. es-es Tecnología /imag/ed/hombre65x65.png Libroteca http://libroteca.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Cuando volvió a casa, todavía estaba allí http://libroteca.lacoctelera.net/post/2007/01/12/cuando-volvio-casa-todavia-estaba-alli-2 2007-01-12T14:34:18+00:00 Cuando volvió a casa todavía estaba allí, es la idea de partida que proponemos este mes como sugerencia de escritura creativa. No se trata de la frase inicial que deba formar parte de un posible cuento sino más bien el clima que intentaremos reflejar en nuestro relato. Quién volvió a casa, de quién era la casa, quién o qué cosa estaba allí, qué hizo el protagonista al descubrir su permanencia...
Por otra parte este mes leeremos un libro singular como pocos otros. Se titula El curioso incidente del perro a media noche, y su autor, Mark Haddon, pintor, poeta y escritor de escritura creativa, nos ayuda a ver la vida con los ojos de su protagonista, un joven de quince años autista que tiene problemas de comunicación con los demás pero que es un genio en ideas matemáticas. Afectuoso y muy inteligente, leer El curioso incidente del perro a media noche nos enseñará a comprender mejor el comportamiento humano y a tolerar las carencias de los demás y convivir con las nuestras. No hablo de otros títulos del mismo autor porque no he leído ninguno, pero me parece tan extraordinario éste que se lo recomiendo a todo el mundo. Hasta creo que puedo ser un poco insistente.
Pero volviendo al tema de la escritura, pienso que la idea que proponemos para este mes no es más difícil que otras que hemos superado con éxito. Es sólo cuestión de dejar la mente en blanco delante del ordenador o de un papel y un bolígrafo, y empezar a poner lo primero que se nos ocurra. Ya iremos mejorándolo después. "Cuando volvió a casa, todavía estaba allí".

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Cuando volvió a casa, todavía estaba allí http://libroteca.lacoctelera.net/post/2007/01/12/cuando-volvio-casa-todavia-estaba-alli 2007-01-12T14:34:15+00:00 Cuando volvió a casa todavía estaba allí, es la idea de partida que proponemos este mes como sugerencia de escritura creativa. No se trata de la frase inicial que deba formar parte de un posible cuento sino más bien el clima que intentaremos reflejar en nuestro relato. Quién volvió a casa, de quién era la casa, quién o qué cosa estaba allí, qué hizo el protagonista al descubrir su permanencia...
Por otra parte este mes leeremos un libro singular como pocos otros. Se titula El curioso incidente del perro a media noche, y su autor, Mark Haddon, pintor, poeta y escritor de escritura creativa, nos ayuda a ver la vida con los ojos de su protagonista, un joven de quince años autista que tiene problemas de comunicación con los demás pero que es un genio en ideas matemáticas. Afectuoso y muy inteligente, leer El curioso incidente del perro a media noche nos enseñará a comprender mejor el comportamiento humano y a tolerar las carencias de los demás y convivir con las nuestras. No hablo de otros títulos del mismo autor porque no he leído ninguno, pero me parece tan extraordinario éste que se lo recomiendo a todo el mundo. Hasta creo que puedo ser un poco insistente.
Pero volviendo al tema de la escritura, pienso que la idea que proponemos para este mes no es más difícil que otras que hemos superado con éxito. Es sólo cuestión de dejar la mente en blanco delante del ordenador o de un papel y un bolígrafo, y empezar a poner lo primero que se nos ocurra. Ya iremos mejorándolo después. "Cuando volvió a casa, todavía estaba allí".

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La navidad: un tema muy literario http://libroteca.lacoctelera.net/post/2006/12/02/la-navidad-tema-muy-literario 2006-12-02T10:53:07+00:00 La navidad: un tema muy literario.

Las fiestas de finales de año han inspirado ha muchos autores escribiendo novelas, cuentos y poesías, que en ocasiones destacan entre sus mejores obras. Al margen de las creencias religiosas, lo cierto es que desde las culturas milenarias más antiguas el mito del sol que muere y renace en el solsticio de invierno ha estado presente en distintas formas iconográficas y sociales, organizándose grandes fiestas en conmemoración del ciclo que acaba y el que empieza seguidamente.
En el taller de escritura nos proponemos, pues, hacer un cuento o un relato que puede tratar directamente sobre la navidad o sobre cualquier aspecto que, por muy leve que sea, se refiera o esté inspirado en las fiestas navideñas o en la manifestación de la naturaleza que muere y se renueva.
El libro de lectura durante el mes de diciembre es El cielo raso, de Alvaro pombo. Este escritor santanderino, miembro de la Real Academia, cuenta con ya con muchos de los principales premios literarios españoles, destacando la concesión en este año del Premio Planeta con su obra La fortuna de Matilda Turpin.
Hemos elegido para este mes la lectura de su obra El cielo raso por tratarse de una de las más características de su producción novelística. Autor de contrastes, en su literatura encontramos dramatismo y humor, un estilo brillante expuesto con ideas contradictorias como la vida. El cielo raso habla a la vez de la lucha por la justicia en El Salvador y de un microcosmos agobiante en las historias íntimas sufridas en un piso claustrofóbico de Madrid.
Esperamos recibir a lo largo del mes vuestros comentarios sobre éste o sobre cualquier otro libro y, sobre todo, que sigáis participando enviando cuentos y relatos de escritura creativa, esta vez sobre las fiestas de navidad o la idea del tiempo que acaba y el que empieza. Como la vida misma.

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Un cuento interrumpido http://libroteca.lacoctelera.net/post/2006/11/06/un-cuento-interrumpido 2006-11-06T17:50:46+00:00 Cuento interrumpido

La propuesta de escritura creativa de este mes de noviembre es la terminación de un cuento del que se desconoce su desenlace, facilitándose un cuento íntegro de similares características del mismo autor, que deberá utilizarse como modelo.
El cuento elegido ha sido Verde y sin Paula, de Mario Benedetti, que puede leerse al final de estas explicaciones, al que le falta la terminación con el fin de que los que lo deseen puedan reescribir otros posibles finales y ponerlos como comentarios del blog.
El libro de lectura colectiva será Estaciones de paso, de Almudena Grandes. Desde que la conocimos con Las edades de Lulú, hemos disfrutado leyendo Te llamaré Viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana y alguno más que haría demasiado larga la lista. Ya leímos su libro de cuentos Modelos de mujerl, pero este de ahora, titulado Estaciones de paso, incorpora a su obra recursos estilísticos que nos presentan el encumbramiento admirable como un nuevo ascenso en la progresión creadora de Almudena Grandes.
Para terminar, volviendo al tema del taller de escritura, copiamos el cuento Verde y sin Paula, de Mario Benedetti, al que le falta el desenlace, como digimos más arriba. El cuento íntegro propuesto de modelo se titula Como Greenwich, y puede lerse entrando en: http://webs.ono.com/libroteca/como greenwich.htm

Finalmente,aquí tenemos el noventa por ciento de verde y sin Paula, con el reto de que seamos nosotros los que recreemos el diez por ciento que le falta hasta el final redondo que consigue la pluma brillante de Mario Benedetti:

VERDE Y SIN PAULA

Cuando se incorpora en la arena, dobla cuidadosamente la toalla, respira con fruición, camina hasta la orilla y se introduce lentamente en el mar, siente que no ha dejado nada a la improvisación. Allá arriba, sobre la almohada, en la habitación 512 del Hotel Cóndor, está el sobre con las cinco palabras en rojo: Para entregar a Paula Acosta. Lo recogerá la mucama cuando llegue, como siempre, a las doce. Le ha costado tres meses la decisión, pero a esta altura es irreversible. Francamente, ya no se soporta, hay que concluir. No tiene por qué apurarse, sin embargo.
Cuando el agua le enfría los tobillos, sabe que ha comenzado el último capítulo. Uno de los primeros se remonta a otra playa, Atlántico por medio, con su madre y el padrastro, Víctor, caminando enlazados por la dura arena de Portezuelo, Joaquín tocando en la armónica una milonga cualquiera, y Mastín, minúsculo y húmedo, ladrando como siempre el bochorno de su nombre. Tiempos de candidez o de sordera, de inocencia o de soberbia, no lo sabe bien. Tiempos de acomodar sus diez o doce años saludables en el compacto bienestar, en las lenguas de sol, en la bocanada salitrosa, en las rocas limpísimas. Su madre y Víctor, tan jóvenes entonces y sin embargo (para él) tan antiguos. Y el padre que nadie menciona y a quien nunca conoció, aunque sí logró juntar pedacitos de su confusa historia a través de las revelaciones del primo José Carlos. La inesperada fuga, poco menos que delictiva, a algún lugar del extranjero, sin explicaciones ni carta, sólo noticias indirectas, desprendiéndose sin pudor de la mujer y el hijo. Imágenes de la madre llorando por horas y semanas, y también recuerdos de su recuperación seis años después, gracias a Víctor, que es atlético y bueno pero antiguo. En realidad, todos eran antiguos menos José Carlos y Paula, sus pares.
Después de todo, se trata de un repaso consciente. No va a esperar la tradicional y vertiginosa película del ahogado promedio. Para qué. Tiene todo el tiempo disponible para ver la historia con calma. De modo que cuando el Mediterráneo roza sus rodillas, puede elegir el tramo adolescente, con sus notas brillantes y los veranos plácidos y la sincera alegría de Víctor, casi un padre, cuando él triunfa en los 800 metros llanos a nivel liceal, corriendo rezagado hasta los 600 para mostrar entonces toda su garra y pasar a los otros como a postes en el sprint final. Tiempo de lecturas, de primeros libros importantes y formativos. Y Paula. Regresos del liceo, tardecitas en el parque, descubrimiento de la Vía Láctea.
Puede elegir las imágenes y hasta organizar el montaje. Es él, con los pies descalzos sobre las piedras del fondo, tan pulidas, y el agua ya en los muslos, es él quien traza inexorable el esquema. Por ejemplo el distanciamiento con Joaquín, que ya no toca milongas en la armónica y justifica frenéticamente la todavía apocada represión, se enrola en los grupúsculos de la ultraderecha, señala con el dedo a compañeros de clase. Y Paula. Química Orgánica con besos. Química Inorgánica con caricias. Física con todo. La madre en cambio tiene arrugas, pese a la cremoteca, y Víctor, a contrapelo de su paz interior, consigue una úlcera duodenal. El tiempo pasa. Unos abren los ojos, otros los cierran.
La olita suave y traicionera le encoge los testículos. Aquí lleva tiempo adentrarse hasta lo hondo, hasta no hacer pie. La olita palpa el sexo. Paula también y ahí se quedó. Él creyó que para siempre y ella también. Se ha mantenido, en fin. Es él quien se va. La abandona por el mar infinito, por la paz enigmática. Paula es un cuerpo que él vio crecer, formarse, florecer, madurar, alojar un carácter. Y algo más. Paula, o la tentación de vida. Es arduo sobreponerse. Pero ya está. Todavía un ramalazo con la muerte de Víctor, en aquel desgraciado accidente del kilómetro 97, y el profundo desgarro de la madre, otra vez sola, más antigua que nunca.
Sólo cuando el agua transparente le llega al estómago, la memoria estalla. No piensa en balaceras, porque detesta el léxico de los seriales norteamericanas, pero en realidad son eso: balaceras o ráfagas o fuego graneado. ¿Cuándo había arrancado la pesadilla? Tal vez cuando empezaron a caer los estudiantes. ¿Cómo quedarse quieto, arrinconado, a buen seguro? Y Paula. Otra forma de amor, casi un orgasmo comunitario. ¿Cómo no hacer algo, no participar? Y Paula. Qué riqueza, qué conmoción estrechar aquella vida fresca, igual y tan distinta. Qué riesgoso paraíso entrar en ella, fumar juntos, hacer proyectos, y volver a entrar en ella. Y salir después a las reuniones escondidas, donde hasta los gritos se murmuraban. Qué ciudad increíble, desacostumbrada, solidaria, discreta, osadísima, cordial, entrañable. Dos timbrazos en clave y puertas que se abren, mate, café, cerveza, planos de un trazo casi escolar, quién tiene fósforos, quémalo, chau. Y Paula. Por suerte ella no estaba cuando los pescaron en el chalecito de Atlántida. Fue a mediodía, entre turistas, bicicletas y vendedores ambulantes. Nadie pudo hacer nada. Lo habían previsto todo menos esa hora facilonga, ritual: el podrido mediodía.
Los brazos horizontales, acariciando el agua, para que la olita lambetee por fin sus sobacos erizados. Es claro que había previsto la tortura y las obvias defensas mentales y los principios. Pero la realidad. Siete días y siete noches buscando y rebuscando algo para decirles que fuera verosímil y hasta medianamente cierto y que a la vez era inútil. Algo para que lo dejaran simplemente respirar. Y soltó aquella dirección, aquel apartamento donde ya no había nadie, porque una semana atrás ya todos se habían ido, dispersado. Y sin embargo le siguieron dando, larga, duramente, cuatro días y cuatro noches más, ya que, a partir de aquel dato, le exigían confirmaciones, continuaciones, epílogos. La vieja dirección donde ya no había nadie. Pero había. Carajo había. Mierda había. Y gracias a él, gracias a su desliz imperdonable, habían sorprendido a Ornar, sólo a Ornar, y se había defendido y lo habían acribillado. Ocho años desde aquello. Y nunca.
El agua cada vez más fría es una soga alrededor de su pescuezo. Nunca pudo aceptarlo ante sí mismo. Aunque nadie lo supiera. Porque nadie lo supo, salvo Paula. Él mismo se lo dijo, aquí en Europa, ya aparentemente libre, porque un pasado así era demasiado para una sola memoria. Y él agradeció que ella no lo disculpara ni lo perdonara ni lo justificara ni le dijera qué vas a hacer ya pasó, él agradeció que sólo se abrazara a él y le dijera pobrecito mío. Porque eso era más o menos. Un pobre tipo con Ornar a cuestas. Con Ornar a quien nunca había visto, pero a quien sin quererlo había ayudado a liquidar. Y Paula. Desde ahí la relación fue otra. Porque ella comprende, comprende que él se sienta así. Sabe que él se apoya noche a noche en la altísima, infranqueable muralla de aquella muerte absurda que es como su propiedad privada y que lo separa de los otros, del mundo. Y ella se arrima y se recuesta con él en la lúgubre muralla, pero de ningún modo niega que ésta exista. Lo ayuda a encontrar soluciones, pero nunca falsas coartadas sino salidas reales. Pero no hay. Salvo ésta de entrar lentamente en el mar. Después de todo, no se va a asombrar cuando su cabeza, y con ella su pasado, su presente y su futuro, queden para siempre bajo el agua. Tiene experiencia de ese ahogo. Y el agua del Mediterráneo, pese a las denuncias sobre contaminación, es muchísimo más limpia que la del tanque con mierda de los cuarteles. O sea que es una compensación, algo como un premio que se otorga a sí mismo: ahogarse en un agua limpia, purificada y purificadora. Y Paula. La dejó bastante tranquila, en Barcelona, porque inventó que tenía que hablar sobre el Comité con Tito y Beatriz, que pasaban aquí sus vacaciones. Pero en rigor vino a hablar con el mar, con el Mediterráneo tan verde y sin Paula.
Ese mismo Mediterráneo que ahora está en su mentón y sube hasta sus labios la salmuera de siempre. Y el sabor llega contemporáneamente con el grito, agudísimo en su desesperación. Sólo el ruido del agua y enseguida retorna, desgarrándose, más lejos en el aire, más adentro en el mar
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sosiego y Camino, dos palabras para escribir un cuento http://libroteca.lacoctelera.net/post/2006/10/07/sosiego-y-camino-dos-palabras-escribir-cuento 2006-10-07T13:37:46+00:00 Sosiego y camino, dos palabras para escribir un cuento.

A principios de este mes de octubre hemos empezado el taller de escritura y lectura, que durará hasta finales del próximo mes de junio. Serán nueve meses fomentando la lectura y la escritura entre los participantes presenciales del proyecto y también entre todos los visitantes virtuales del blog que quieran acompañarnos.

Las dos palabras sobre las que partiremos para escribir un cuento o un relato son: Sosiego y Camino.
Resumiendo un poco el proceso, diremos que al taller en primer día asistieron dieciséis personas y que cada una de ellas propuso una palabra que, emparejadas por orden, dieron lugar a otras ocho y éstas a otras cuatro, que dieron lugar a las dos ya indicadas.
Aunque no citaré las dieciséis primeras porque resultaría tediosa esta explicación, las ocho del segundo nivel fueron: Indulgencia, Castigo, Estación, Trabajo, Amor, Candidez, Estela y Abanico. Del emparejamiento ordenado de estas ocho, salieron las cuatro siguientes: Perdón, Descanso, Inocencia y Sendero. Por fin, del emparejamiento de Perdón-Descanso surjió la palabra Sosiego, y de emparejar Inocencia-Sendero desembocamos en la palabra Camino.
Así, definitivamente, este mes proponemos escribir un cuento o un relato inspirándonos para hacerlo en alguna idea creativa nacida de la colisión generadora de estas dos palabras aparentemente casi incompatibles: Sosiego y Camino.

El libro propuesto para la lectura en este mes se titula El sueño de la ahogada y es del autor Enrique Alvarez, perteneciente al grupo de escritores leoneses, destacados en los últimos veinticinco o treinta años por su asombrosa capacidad creativa y la importancia de su obra, Pertenecen a este grupo el académico Luis Mateo Díez y el escritor de cuentos José María Merino, por citar sólo dos de ellos.
Enrique Alvarez ha publicado este año una selección de sus mejores cuentos bajo el título El trino del diablo y, además de El sueño de la ahogada, queremos destacar El rostro oculto, una novela de gran factura que analiza con maestría la sociedad española de los conflictivos años setenta.

En la primera semana de noviembre resumiremos los principales comentarios que recibamos sobre la lectura del libro, en caso de que recibamos alguno.

Lascolaboraciones podéis incluirlas directamente como Comentario en el blog omandármelas directamente para que las coloque yo mismo. Mi e-mail es libroteca@ono.com

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Poesía de humor http://libroteca.lacoctelera.net/post/2006/09/16/poesia-humor 2006-09-16T09:44:19+00:00 Traemos aquí una muestra de poesía humorística surgida de la pluma del poeta José Mas, que sin duda sorprenderá a los visitantes del blog al mismo tiempo que puede animara otros aficionados a la literatura humorística a incorporarse con sus aportaciones a la lista de colaboradores que nos mandan sus trabajos.

He aquí este ingenioso retazo humorístico, que agradecemos a su autor.

QUEJA A TRES VOCES

Por José Mas

-Te quejas porque te pican
en los labios las abejas.
Envuelve con un velo de silencio
tu sonrisa, para que crean
que el invierno ha cerrado los jardines
y ha desterrado las flores.
Y que ellas, las solícitas,
las deliciosas,
las puñeteras abejas,
se vayan por su miel y con su música
a otra parte,
donde no haya
ni besos ni sangre.

-Déjame quejarme de las abejas,
aunque en su violencia
(te lo reconozco)
se juntan
susto y complacencia.
Y no me las espantes
-al menos para siempre-
de estos jardines míos ¡tan fragantes!
Y que ni tú ni ellas
busquéis música y miel
en otra boca,
¡aunque el aguijón me duela!

-Puesto que ya no nos teme
y ni siquiera se queja,
dejémosla con el dolor
de nuestra ausencia.
Porque después de todo,
si bien se mira,
-o mejor dicho se vuela-
su jardín ya no es jardín:
es solo ya un montoncito rojo
de silencio
y de extrañeza.
¡Y vaya chasco, además: nosotras
somos avispas, no abejas!

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Variaciones sobre "Febrero..." escritas por carmen Roig http://libroteca.lacoctelera.net/post/2006/08/16/variaciones-sobre-febrero-escritas-carmen-roig 2006-08-16T15:55:37+00:00 Carmen Roig ha escrito unas fantásticas creaciones literarias inspirándose en el relato “Febrero, inolvidable adolescencia” que publicamos en el blog hace unas semanas. Ponemos aquí los dos y le agradecemos muchísimo a Carmen su participación en nuestro proyecto.

Febrero

Todos los febreros me viene a la memoria la imagen de la hija de la maestra que tuve en el último curso escolar, que solía pasear con su perro sujeto de una cadena junto a la cerca de las huertas.
Cada año cambiábamos de maestra –nunca nos tocaba un maestro-, y me imagino que pedirían traslado debido a que el pueblo era muy pequeño y muy lejano.
La maestra de mi último año escolar tenía una hija de trece o catorce años que iba con nosotros a la escuela. No era buena estudiante ni tenía un carácter simpático, pero desde el primer día sentimos todos los chicos una atracción irresistible hacia ella, mayor cuanto mayor era su desapego y más se empeñaba en mantenerse al margen de todos. En ocasiones daba la impresión de que se sentía por encima de nosotros y se creó fama de soberbia. Otras veces parecía que vivía en las nubes, como ocupada en resolver enigmas indescifrables o tejer sueños que sólo existían en su cabeza.
Ni siquiera recuerdo cómo se llamaba. El día que llegó y quisimos saber su nombre dijo que se llamaba Febrero porque le faltaban dos dedos de nacimiento como a febrero le faltaban dos días, y así la llamábamos todos. Es lo único que recuerdo de ella, además de su cara difícil de describir, a veces muy seria y a veces sonriente y espléndida como una mañana muy soleada después de unos días de lluvia o de niebla.
Una tarde hice lo posible para coincidir con ella cuando paseaba junto a las huertas, y le pregunté por la raza de su perro como si los perros me interesaran. Era un husky siberiano de color azul oscuro de los que se emplean para tirar de los trineos en tierras nórdicas. Entonces advertí que le faltaba una oreja casi entera, como si se la hubieran mordido en alguna pelea, y tuve una ocurrencia:
-¿Qué me das si adivino cómo se llama?
-Nada -me contestó con un asomo, en su cara, de dureza.
-Se llama Bisiesto -le dije, como si fuese el nombre más normal del mundo para un perro.
-No era fácil adivinarlo. Tendrás tu premio.
Entonces alargó una mano por encima de la cerca de las huertas y cogió una manzana muy roja que colgaba de una rama y me la ofreció con una sonrisa de complacencia.
Estuvimos hablando casi hasta la noche. Le gustaba contemplar las puestas de sol y escribir poesías. De mayor quería estudiar periodismo o una carrera técnica. No sé si conseguiría realizar sus sueños porque no he vuelto a saber de ella. Sin embargo, todos los años, por san Valentín, la recuerdo, como si hubiese sido ayer cuando se le escapó el perro con la cadena, mientras hablábamos junto a la tapia de las huertas. Hoy me gustaría volver a verla.

Segunda variante: mi primera versión

Siempre, por San Valentín

¿Cuantos años hace ya que vuelve, indefectiblemente, su recuerdo a mi memoria, siempre por San Valentín?
Bah, qué importa. Los años importan cada vez menos. En cambio los recuerdos, importan cada vez más.
Ella se hacía llamar Febrero porque le faltaban, de nacimiento, dos dedos en una mano, igual que a febrero le faltaban dos días para ser igual a los otros meses del año.
Ella, febrero y San Valentín, estarán por siempre unidos en mí, porque gracias a ella descubrí la dicha de ser varón.
Llegó con su madre, la maestra que nos correspondió en el último año escolar y que se iría, como todas, al finalizar la opción cumplida en ese apartado pueblo al que sólo llegaban las maestras (nunca maestros, ya que ellos gozan de mayores privilegios) para juntar méritos y cumplir con el necesario derecho de piso.
Ella, Febrero, (por más esfuerzos que realizo no logro recordar su nombre) fue compañera de clases también. Pero no hizo nada por ocultar el desdén que sentía hacia nosotros, sobre todo hacia los chicos a quienes más atraía cuanto más desdeñosa se mostraba.
No era buena estudiante, ni simpática. En ocasiones parecía que vivía en las nubes, como ocupada en resolver enigmas indescifrables o tejer sueños que sólo existían en su cabeza.
Su cara a veces aparecía muy seria y a veces sonriente y espléndida como una mañana muy soleada después de unos días de lluvia o de niebla.
Una tarde hice lo posible para coincidir con ella cuando paseaba junto a las huertas, y le pregunté por la raza del perro, como si me importara.
Mientras brindaba sus explicaciones comprobé que al animal le faltaba, casi por completo, una oreja.
--A que soy capaz de decirte cómo se llama –fardé.
--A que no –me desafió ella.
--¿Qué me das, si lo adivino?
--Nada, no te daré nada, porque nada estoy dispuesta a dar.
--Quiero decírtelo al oído.
Ella se apoyó contra la cerca, y yo acerqué mi boca a su oreja.
--Bisiesto –de dije al oído-. Se llama Bisiesto. Porque no todos los febreros son iguales, ni son lo mismo.
Ella giró lentamente la cabeza y sus labios cayeron bajo los míos.
Sus pequeños dientes se clavaron suavemente en mi labio inferior y entonces, varón legítimo, comprendí, para siempre, por qué Dios tuvo la necesidad de crear a la mujer.

Tercera Variante: Febrero y Bisiesto

Se hizo llamar Febrero. Por farolera, según algunos, por presumida, según otros, porque le faltaban dos dedos de una mano, según ella, y agregó:
--Así como a febrero le faltan dos días para ser completo, a mí me faltan dos dedos para ser como los demás.
Y tenía un perro, con el que solía pasear, por las tardes, junto a la cerca de las huertas.
Era la hija de la maestra de mi último año escolar. Eso le brindaba la oportunidad de sentirse superior a nosotros, chicos de pueblo que no conocíamos el mundo más allá de las huertas.
No teníamos maestra titular. Por ese motivo, todos los años cambiábamos de maestra la cual, indefectiblemente, pedía traslado a algún otro pueblo más civilizado, según les gustaba decir.
Febrero no era buena estudiante, además de ser orgullosa y bastante antipática. Pero, desde el primer día, todos los varones sentimos una atracción irresistible, que crecía en la medida en que mayor era su soberbia y desprecio hacia nosotros.
No faltaron días en que parecía flotar entre nubes, como ocupada en resolver enigmas indescifrables o tejer sueños que sólo existían en su cabeza. Y su rostro, a veces aparecía muy serio y otras sonriente y espléndido como una mañana soleada después de unos días de lluvia o de niebla.
Una tarde hice lo posible para coincidir con ella cuando paseaba junto a las huertas, y le pregunté por la raza de su perro, como si me importara.
Mientras brindaba sus explicaciones comprobé que al animal le faltaba, casi por completo, una oreja.
--A que soy capaz de decirte cómo se llama –fardé.
--A que no –me desafió ella.
--¿Qué me das, si lo adivino?
--Nada, no te daré nada, porque nada estoy dispuesta a dar.
--Quiero decírtelo al oído.
Ambos nos empinamos sobre la punta de nuestros pies y tratamos de unirnos a través de la cerca.
--Bisiesto –de dije junto a su oído-. Se llama Bisiesto. Porque no todos los febreros son iguales, ni son lo mismo.
Su cara se llenó de sol y giró lentamente la cabeza haciendo que sus labios cayeran bajo los míos.
--Te lo has ganado –dijo y desapareció tras la cerca.
Y sentí cómo se alejaba el ladrido del perro.
Y desde ese entonces hasta ahora, tantos años después, para mí, todos los febreros son Ella, aunque no sean iguales, ni sean los mismos.

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decálogo del perfecto cuentista en boca de Horacio Quiroga http://libroteca.lacoctelera.net/post/2006/08/12/decalogo-del-perfecto-cuentista-boca-horacio-quiroga 2006-08-12T09:56:45+00:00 I:
Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.

II:
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III:
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga
paciencia.

IV:
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V:
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de
las tres últimas.

VI:
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para
expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII:
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable.
Pero hay que hallarlo.

VIII:
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que
ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX:
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad
del camino.

X:
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente
de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

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tres palabras para escribir un cuento http://libroteca.lacoctelera.net/post/2006/08/04/tres-palabras-escribir-cuento 2006-08-04T19:42:19+00:00 Tres palabras para escribir un cuento

Siguendo el método creativo comentado en el texto anterior, en el taller de escritura creativa la semana pasada fuimos doce participantes y las doce palabras propuestas en primer lugar fueron:

Dulce Naturaleza, regalo, Jardín, loro, ferieante, sonrisa, cascada, Amor, padre, Persona y Hierro.

Después de agruparlas de dos en dos se propusieron las seis palabras siguientes que de alguna forma aglutinaban las ideas de las dos originales. Fueron:

Flor, fruta, carcajada, charlatán, fuerza y querer.

Finalmente, emparejadas nuevamente estas seis, se fijaron las tres palabrasdefinitivas sobre las que cada uno deberíamos redactar un cuento o un relato.

Las palabras fueron:

Manzanilla, risa y Voluntad.

Copio aquí dos de los trabajos que se aportaron.

El viento. Por Margarita Pérez.

Hacía un viento tan tremendo, que el gran pañuelo de gasa que intentaba colgar del tendal la dueña de aquella pequeña finca, voló por los aires. Después de ejecutar durante un buen rato unas graciosas evoluciones, unas veces la mar de alto y otras a ras de tierra. Cuando volaba bajito intentaba cogerlo, pero sus carreritas no le servían de nada pues aquella juguetona especie de ave fantástica y multicolor se burlaba de todos los intentos. Al final decidió posarse, pero el muy malvado lo hizo en la copa del más alto abedul que había en el pequeño jardín, Su dueña lo miraba furiosa por toda la mala idea del pájaro-pañuelo aquel, que en circunstancias normales le prestaba un gran servicio y le tenía apego. Estudiaba la forma de alcanzarlo pero no era fácil, pues ni con la escoba, ni con una vara que tenía por allí, lograba llegar hasta él, y poner una escalera no le parecía prudente pues el tronco era delgado y no resistiría que se apoyara una escalera. Estaba pensativa con la barbilla apoyada en su mano cuando oyó una risa burlona, se volvió y tal como esperaba procedía de la cotilla de su vecina de la finca contigua que se pasaba la vida apoyada en la verja de un lado o del otro fisgoneándolo todo con una eterna taza de manzanilla en sus manos, cosa que recomendaba a todo bicho viviente, ¿Que te duele una uña?: Pues una taza de manzanilla ¿Que se te olvidó la mitad de la compra? pues una taza de manzanilla ¿Que se" te ha fugado tu pañuelo favorito? Pues una taza de manzanilla. La dueña del pañuelo con no muy buenos modales le dijo
-¡Qué, ¿Se divierte usted?
-Sí hija, mucho ¡Con lo fácil que es cogerlo1
-¿Fácil?:Pues dígame cómo
-Pues muy sencillo, gateando por el tronco del árbol La dueña del pañuelo miró al árbol con su tronco blanco tan delgado y liso y pensó. Si no fuera por las ganas que me quedan siempre de darle una "torta".Me daría hasta pena, pues la "tia" está como unas maracas. Se volvió a la vecina y le dijo
-¡Mire usted lo liso que es el tronco y le aseguro que yo no tengo uñas de gato.
-¡Bah! Todo es cuestión de voluntad. La dueña del pañuelo por no soltarle una inconveniencia, se dio media vuelta sin decir nada más, pues se le acababa de ocurrir una idea en aquel momento para rescatar el volátil pañuelo he iba a ponerla en practica. Subió a la planta superior del chalet, armada con su larga vara y desde una ventana al fin rescató su codiciada presa, y sin recurrir a ninguna taza de manzanilla ¡Hala!

La querencia de los animales. Por Vicente Antón.

Un bar no es el mejor sitio para tener un gato. No señor. Aunque sea un bar de pueblo como es el nuestro , donde se supone que las cosas pueden colocarse de manera más informal y que la limpieza se hace con cierta tolerancia de los que acuden a tomarse un vino o una cerveza. Pero un bar, ya digo, no es el mejor sitio para tener un gato rondando.
Lo trajo mi mujer del monte en agosto del año pasado. ella es de esas personas que les gusta salir al campo por el sólo gusto de darse un paseo al aire libre, y siempre suele volver con algo en las manos según la época del año: por el verano acarrea manojos de manzanilla o té de roca, en otoño bolsas de setas o castañas; en invierno algún ramo de acebo con bayas, en primavera trae fresas silvestres o un puñado de margaritas recién cortadas... Pero aquel día traía entre los brazos un gatito gris de pocos meses que había recogido en el monte, y le acariciaba con la misma complacencia con la que miraba a los niños pequeños:
-Sácale a la calle y que se vaya por donde ha venido, que un bar no es un sitio para un gato. Y menos si es salvaje.
Pero no hubo manera de que me escuchara.
Los clientes del bar se morían de risa viendo mis esfuerzos por librarme del maldito gato sin conseguirlo, y muchos de ellos me daban la razón cuando intentaba convencer a mi mujer de que lo mejor que podía hacer era devolverlo al mismo sitio donde lo había encontrado.
Mientras que fue pequeño sus travesuras eran pasajeras, pero a medida que se hizo adulto las cosas fueron cambiando. Un día rompió una copa de encima de una mesa. Otro día pasó corriendo por encima de una bandeja de vasos y sólo quedaron tres sin hacerse añicos. El día que se subió a una estantería de botellas y tiró una de coñac medio vacía que se estrelló contra el suelo mi mujer terminó admitiendo que tal vez lo mejor fuese desprendernos del pobre bichejo por mucho que le quisiera, pero que me encargara yo de hacerlo.
Lo primero que pensé fue regalárselo a mi suegra, pero vivía demasiado cerca de nosotros y al cabo de dos días el gato se había vuelto él solo a nuestra casa. Entonces se me ocurrió llevarlo al castillo, que estaba en la otra punta del pueblo, en la parte más alta de una peña cortada casi en vertical sobre el tajo abierto por el río para hacerse paso. El castillo se decía que era un sitio plagado de gatos y ratones y pensé que allí encontraría acomodo rodeado de congéneres de su especie y que no pasaría hambre, pero volví a equivocarme y el dichoso animal debió de aprovechar algún atajo porque llegó antes que yo y le encontré esperándome sentado en la acera para que le abriera la puerta.
-El gato nos ha cogido voluntad y quiere vivir con nosotros -decía mi mujer cuando le conté lo que me había pasado.
Por fin decidí llevarle al monte y abandonarle a su suerte. Un bar no era un sitio para un gato y cualquier día nos arriesgábamos a que arañase a un cliente y nos diese un disgusto.
El problema era que la parte del monte donde lo encontró mi mujer estaba bastante retirada y tuve que caminar unas cuantas horas dejando atrás la peña del castillo, atravesando el río, internándome entre los árboles por un paraje donde nunca había estado antes... Hasta llegar a una zona de rocas de poca vegetación donde al parecer se criaba el mejor té de roca de toda la comarca.
Y allí le dejé en el suelo cerca de una cueva hecha en la piedra y me di la vuelta dispuesto a regresar solo y, en ese momento, me di cuenta de que no sabía dónde estaba ni cuál era el camino del pueblo. Tuve suerte porque el gato, en vez de meterse en la cueva como yo pensaba, empezó a andar poco a poco hacia alguna parte, y yo tras él, viéndome perdido en el monte y completamente avergonzado de pensar que si no llega a ser por el pobre animal me hubiese visto mal para llegar por mi cuenta a casa.
-Ya te dije que nos ha cogido voluntad y que quiere vivir con nosotros
Mi mujer se encargó de contarle a todos los clientes lo que me había pasado con el gato en el monte, y se reían como si fuese motivo de risa.

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Encontrar nuevas ideas (1) http://libroteca.lacoctelera.net/post/2006/07/28/encontrar-nuevas-ideas-1- 2006-07-28T20:51:27+00:00 Encontrar ideas (1).

Existen muchas formas de ayudarnos a descubrir nuevas ideas para la creación de nuestros cuentos o nuestros relatos literarios. Son tantas que las iremos incorporando poco a poco y esta vez nos referiremos sólo a una de ellas, muy conocida a buen seguro por los aficionados a los talleres de escritura creativa.

Se trata de forzar la relación de dos o de tres palabras sin ninguna semejanza de significado entre ellas de modo que hagan ejercitar a la imaginación buscando fórmulas que posibiliten el empleo de las palabras elegidas en la creación de una historia.

En los talleres de creación literaria se potencia la participación de todos los miembros solicitando que cada uno de ellos proponga una palabra al azar que se va anotando en un papel. Cuando están todas se agrupan por parejas consecutivas y se sugiere sustituir cada dos palabras por una que las relacione aunque sea mínimamente. Con el resultado se vuelve a repetir la operación, emparejándolas y sustituyéndolas por una sola hasta que quedan sólo dos o como mucho tres, dependiendo del número de miembros.

En el taller en que yo participo somos 24, de manera que a las 24 primeras palabras les siguen las 12 restantes del primer emparejamiento, y después seis, que por fin se convierten en tres, sobre las que definitivamente cada participante debe crear su propia historia, que después somete a la lectura pública y la aprobación del grupo.

Se entenderá mejor cuando ponga un ejemplo con un par de trabajos de los realizados en el taller.

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